jueves, 26 de mayo de 2011

DE CARAGUAY A SANTAY- RAFA CRUZ

Un legado fotográfico para tomar conciencia del lugar donde habitamos y de los escenarios que nos rodean, cobra mayor importancia en el momento en que lo relacionamos con nuestras necesidades personales, como mostrar mediante imágenes cargadas de una mirada subjetiva, todo un universo natural del que no todos los habitantes de la ciudad somos partícipes, al que no todos tenemos acceso y sobre todo, al que escasa o nula atención le prestan las autoridades encargadas. A lo largo y ancho de nuestra historia hemos leído textos relacionados con el protagonismo del río, odas y construcciones  poéticas que, con el transcurso de los años han determinado el imaginario de quienes habitamos Guayaquil, sin embargo, es casi inexistente la cercanía a estos espacios, más allá de una connotación literaria que se enreda con visiones románticas (que sin dejar de ser importantes para la vida cotidiana) distan de la realidad a veces desconocida.
El río ha constituido para el habitante de Guayaquil una salida y una entrada para llevar a cabo una serie de transacciones comerciales que han determinado su protagonismo como puerto principal, por otra parte, el río es y ha sido el regulador de  la identidad y de la conformación de cultura de los porteños, quienes depositan en él una serie de preguntas como escape a sus angustias cotidianas. Muy común es ver a personas sentadas tras las barandas del malecón, aletargadas en un diálogo con la marea, en una conversación silenciosa con el subir y bajar de la misma. Entonces, a partir de sus significación, el río fue históricamente una vía al progreso y en el presente un gran espacio sobre el que elevamos una serie de interrogantes.
 
















































Las fotografías exponen una realidad, en la que el río es protagonista, siendo éste el enlace que tiene la ciudad con sus recursos naturales más importantes, poco conocidos, como es el caso de la Isla Santay, de la que diariamente salen sus habitantes en busca de sustento hacia la ciudad de Guayaquil, en canoas, lanchas, que son medios que acentúan la relación del hombre con la naturaleza en su afán de subsistir. Son los habitantes con su día a día los que dan vida a las fotografías, correlacionadas con la importancia del medio ambiente frente a una urbe en constante proceso de crecimiento, en la que no se ha perdido el flujo comercial, lo cual se ve reflejado en el contacto e intercambio en uno de los lugares más representativos del puerto, como lo es el mercado Caraguay, al que diariamente llegan embarcaciones procedentes de Puna y de otros lugares cargadas de productos.
Por otra parte, en las fotografías se expone una panorámica del estero salado, como referente de nuestra historia como ciudad, constituyendo una entrada de mar que poco a poco se ha ido deteriorando por la constante contaminación y que es un patrimonio de la memoria de quienes recuerdan su época de esplendor. Dejar constancia de que frente y alrededor de la ciudad existen lugares que nos transmiten otras realidades y que de alguna manera convivimos ciegamente con ellas, es la intención del trabajo fotográfico, tomando en cuenta que Guayaquil debería ser una ciudad real, no imaginada, al menos para tener sensatez acerca de todo aquello que nos rodea y de quienes la habitan en pro de sus necesidades, aunque a simple vista, su hábitat parezca para el común de los sujetos urbanos un mundo paralelo.
 


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